Ya sabes que la IA puede ayudarte a casi todo, pero dentro de ese «casi» se esconde la magia que se necesita para dedicarte a enseñar idiomas. Entre otras cosas, la IA no entiende de metáforas. Por ese motivo, en este artículo compararé la preparación de clases con el proceso de hacerse un tatuaje.
Cuando te haces un tatuaje, antes de que la aguja toque tu piel, te pegan un papel que deja una calcomanía (se suele usar el anglicismo transfer para referirse a ese papel). Mi tesis en este artículo es que el proceso de preparar bien el tatuaje es tan importante como tatuar en sí. Sin una buena preparación es mucho más complicado (casi imposible) crear una buena obra. Dicha obra puede ser una clase de idiomas o un tatuaje… ¡En ambos casos pueden quedar huellas para siempre!
En cuanto empieza la sesión, la tinta va tapando la calcomanía y todo «fluye». Fluye tanto que parece que esa primera parte de preparación y colocación del papelito es prescindible. Aun así, no hay tatuadores/as que trabajen sin preparación. Y tampoco hay profes de idiomas que den clase sin preparar nada, por mucha experiencia que tengan.
Sí que es cierto que, cuando ganas experiencia (en cualquier ámbito), parece que no hace falta preparar nada. Es un trampantojo: cada vez se prepara todo más rápido precisamente por esa experiencia acumulada
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Preparar una clase no es diseñar materiales bonitos (ni con IA ni sin IA)
Decenas de profes de idiomas con quienes he tenido el placer de hablar durante los últimos diez años preparan las clases como si esa preparación fuera el producto final. Olvidan que la preparación solo debe cumplir un objetivo: facilitar la clase. En otras palabras: promover y optimizar el aprendizaje de cada estudiante que vaya a participar en esa clase.
En casos en los que «el transfer se convierte en el tatuaje», los y las profes invierten horas y horas en la presentación de los materiales, por ejemplo. Podríamos pensar que con la IA esas horas se reducen a cero, pero hay que recordar que la IA acelera todo, incluso los procesos ineficientes. Hay que vigilar muy bien el equilibrio entre los objetivos de la clase y la realidad (actual) de tus estudiantes.
«No hay nada tan ineficiente como hacer con gran eficiencia lo que no debería hacerse en absoluto.» - Peter Drucker, 1963.
Si tu estudiante llega con una duda de la semana pasada, con una reunión que se le ha torcido en el trabajo, o con algo que ha oído por la calle y le pica la curiosidad… En mi opinión es prioritario atender a esas demandas primero. ¿Dónde quedan entonces tus 37 frases de ejemplo del condicional compuesto con imágenes en un Padlet?
En un estudio de tatuaje, el transfer se coloca en minutos (aunque a veces se alargue un poco) y la sesión dura horas. En ningún caso la preparación es mayor que la realización de la pieza. En tus clases debe ser igual, nunca deberías tardar más en preparar una clase que en darla.
Además, un transfer bien hecho no describe cómo debe ir cada gota de tinta. Simplemente marca el contorno y avisa de dónde no hay que salirse. Todo lo demás pasa en directo, con la persona delante. ¿Ves las grandes similitudes con una clase de idiomas?
Los 5 pasos para preparar una clase de idiomas en 10 minutos
Esto es lo que a mí me funciona para dejar preparada la calcomanía de una clase de una hora. Diez minutos (máximo) con un esquema fijo que se repite siempre igual. La ventaja de tener siempre el mismo esquema es que dejas de decidir cómo preparar y solo te centras en preparar.
- ¿Dónde lo dejamos? Lee la nota de la clase anterior. Qué se le atragantó, qué prometiste traer a clase (o que te prometió tu estudiante), qué expresión usó mal dos veces, qué tareas quedaron de deberes. Si no tienes esa nota, este es el primer hábito que debes incorporar (y no, la pestaña de Excel de turno no cuenta). Te cuesta segundos si lo haces al final de cada clase y, cuando de verdad lo empiezas a aplicar, te ahorras horas, en serio.
- Objetivo. Un único objetivo. Una frase, empezando por un verbo y sin tecnicismos: "va a poder narrar una discusión de su escalera de vecinos".
- Ancla. El material alrededor del cual gira la clase: un audio de dos minutos, una foto, un correo, un titular, una escena. Uno solo, y de la vida real. Si tardas más de dos minutos en encontrarlo, mala señal: significa que lo estás creando (en vez de simplemente elegirlo) o que tienes mucho caos y necesitas más orden.
- Tiempos definidos. Entrada, práctica controlada, producción libre, salida. Esos son los míos, pero por supuesto puedes usar los tiempos que te parezcan adecuados. Escribe una línea para cada uno, las explicaciones adicionales no te hacen falta.
- Plan B. Una actividad de repuesto por si la clase se acelera o se atasca. Una pregunta abierta, un juego de vocabulario, un roleplay que ya te sabes… ¡Tú decides!

¿A dónde te lo enviamos?
Cómo adaptar la clase cuando tu estudiante llega con otros planes
Un/a tatuador/a puede tener el transfer perfecto y encontrarse con que la piel de esa zona coge la tinta de otra manera, o con que la persona no aguanta la sesión entera. En los momentos en los que el plan falla, si de verdad se trata de un buen artista, sabrá cómo adaptarse. Desde luego, insistir como si nada estuviera pasando no es una buena opción. ¡La piel manda!
La clase es igual. Tu estudiante llega sin ganas, o con muchísimas ganas, o con una noticia muy importante. Trae un error precioso que no habías previsto y que da para veinte minutos de clase. Esa es la clase que hay que dar, no la que tenías prevista.
La calcomanía existe precisamente para eso: para que puedas salirte y saber volver. Cuando preparamos de menos, no hay un rumbo definido y eso nos puede generar estrés. Cuando preparamos de más, tenemos demasiado cariño a nuestro plan y alejarnos de él también nos puede generar estrés.
Preparar de manera eficiente significa tener suficiente estructura para poder improvisar sin perderte.
Qué apuntar al terminar la clase (esto también es preparación)
Un tatuaje termina mucho después de que el tatuador apague la máquina. Viene la cicatrización, y a las pocas semanas, muchas veces, el retoque: que si repasar la línea que no ha cogido bien, que si añadir color...
En clase pasa lo mismo y casi nunca lo contamos. Lo que tu estudiante hace entre una clase y otra es la cicatrización. Y la clase siguiente es el retoque: vuelves sobre lo que no quedó firme, refuerzas lo que quedó pálido, dejas en paz lo que ya está bien establecido.
Ese retoque solo funciona si has apuntado algo al acabar la clase. Dos líneas bastan: qué salió, qué no, qué toca la próxima vez. Treinta segundos al terminar la clase. La clave es que sea JUSTO al terminar la clase, de verdad, no el domingo por la tarde intentando recordar qué pasó el martes con Laura.
Y así se cierra el círculo, porque esas dos líneas son el minuto 1 del próximo transfer para tu próxima obra maestra, a saber: tu próxima clase.
Para qué sirve de verdad preparar bien una clase
Una preparación milimétrica con 5 tonos de verde para cada columna de la tabla puede ayudar a tus estudiantes, pero no es donde reside la magia. Lo que realmente tiene efectos mágicos se ve después, quizá meses después, cuando Laura te escribe para decirte que le acaba de contar a su compañera de trabajo el cotilleo de la semana pasada que se perdió por estar de vacaciones.
Recuerda, una buena preparación de clase es tan importante como la calcomanía antes de un tatuaje. Y tanto la clase como el tatuaje pueden ser para siempre.
Por cierto, con SmartCookie, el paso 1 de tu preparación ya está hecho antes de que te sientes a preparar: las notas de cada estudiante te esperan al lado de su próxima clase, sin buscar en ningún sitio, siempre ordenadas, sin copiar ni pegar. Empieza gratis hoy.
Profe, la mala noticia es que el tiempo vuela. La buena noticia es que puedes aprender a pilotarlo. Si quieres simplificar la organización de tu calendario, de tus notas y del seguimiento de tus estudiantes, no necesitas hacer malabares con diez apps. SmartCookie se encarga de las tareas administrativas para que tú puedas dedicarte a tu pasión: enseñar.





