¿Crees que el tiempo pasa muy rápido? Seguro que sí. ¿Pero puede el tiempo pasar de la misma forma que tú pasas por una calle? ¿Y puede una máquina ser inteligente de la misma forma que tú lo eres? Desde luego que no. Esas expresiones son solo metáforas. Sin embargo, el ser humano necesita utilizar estas metáforas constantemente. Frases como el tiempo vuela o conceptos como la archiconocida inteligencia artificial.
Si eres profe de idiomas, probablemente prestas mucha atención a las metáforas. Pero quizá no lo suficiente. ¿Por qué? Porque la atención no es algo que se pueda realmente prestar. ¿Te habías dado cuenta de esa metáfora? Puedes prestar dinero, prestar tu coche o prestar un boli a tu estudiante. Pero la atención es un concepto abstracto y por lo tanto no se puede prestar.
Según los lingüistas Lakoff y Johnson, las metáforas construyen nuestra manera de pensar. A esta teoría se la conoce como Teoría de la Metáfora Conceptual (TMC). Según esta teoría, más allá de decir una cosa en términos de otra, los seres humanos pensamos una cosa en términos de otra.
Las metáforas nos ayudan a entender la realidad y a la vez nos demuestran que la realidad no puede ser entendida de forma única. Que cada persona dibuja su realidad como puede, como sabe o como quiere. Dicho de otra forma: las metáforas CONSTRUYEN nuestra realidad, no solo intentan describirla.
¿Qué es una metáfora?
Según la RAE: «una metáfora es una traslación del sentido recto de una palabra a otro figurado, en virtud de una comparación tácita». En otras palabras, una metáfora es una comparación entre dos cosas que no están relacionadas de otro modo. Por ejemplo, si como profe de idiomas a veces sientes que tu estudiante Laura tiene la cabeza en las nubes, lo que realmente sientes es que está despistada, que está en su mundo. Asociamos las nubes con un lugar lejano, alejado de la tierra, alejado de la realidad de la clase. Por eso es tán fácil explicar cómo notamos a Laura si no escucha lo que le decimos en clase.
La finalidad de las metáforas es comunicarnos, tener otras vías para explicar conceptos que quizá serían imposibles de manejar sin ellas. Conceptos como el tiempo, la vida, la memoria… Se nos escapan. Necesitamos crear significados superiores a los de las propias palabras, porque parece que las palabras se nos quedan cortas.
¿Las metáforas nos ayudan a aprender un idioma? ¿Y a enseñarlo?
Las metáforas existen en todas las lenguas que se han estudiado en el planeta y son una herramienta cognitiva básica que permite a los seres humanos comunicarse, discrepar, entenderse. Y precisamente por eso son una herramienta potentísima para aprender un idioma.
Dibujas una línea ondulada en tu pizarra (ya sea física o la de Zoom) mientras le dices a tu estudiante que eso significa «estar durmiendo» y que «sonar el timbre» es una cruz en esa línea ondulada. Ese dibujo es una metáfora en sí mismo, porque entendemos el tiempo pasando como una línea (y parece que si es ondulada, se entiende más como «en movimiento»). Y entendemos una acción concreta que interrumpe a esa acción con una cruz.
Realmente, ninguno de esos verbos es una simple línea, pero ese dibujo aparentemente simple ayuda a comprender la combinación de una acción en progreso de otra que no lo está. Si eres profe de ELE, este dibujo simple te habrá ayudado una y mil veces a explicar a tus estudiantes la combinación [ESTAR + gerundio] + pretérito indefinido.
Lo más potente de las metáforas es que todos los seres humanos las usamos constantemente. Es cuestión de encontrar las que funcionan en tu clase, con tus estudiantes, y de probar a darles la vuelta tantas veces como sea necesario. Por cierto, eso de darles la vuelta, también es una metáfora, y unas líneas más abajo hablamos de ella.
Las metáforas se anclan en la experiencia corporal y activan más áreas neuronales que una simple regla. Por eso una metáfora utilizada correctamente a veces se recuerda toda la vida, mientras que una regla descontextualizada se olvida al cabo de pocas horas. Lakoff y Johnson lo llamaron cognición corporeizada. La cognición corporeizada considera que la cognición humana tiene raíces profundas en el procesamiento sensoriomotor. Es decir, en la manera en que nuestros cuerpos, en interacción con el entorno, generan significado, pensamientos y sentimientos.
¿Por qué las metáforas nos diferencian de la IA?
Porque la IA no comprende las metáforas complejas. No sabe de intenciones, ni de causa-efecto ideológico. La IA no puede calcular (ni siquiera intuir) el peligro de un estereotipo amplificado. La IA no entiende la realidad humana. Y por mucho contexto que le demos, la IA no puede computar el contexto completo de nuestra humanidad, precisamente porque los matices del ser humano no se pueden trasladar a palabras con exactitud. El ser humano no es exacto, no es predecible y no sigue patrones lógicos. Sabemos que no.
Quizá nos gustaría pensar que sí, que somos perfectamente racionales y que cuando nos equivocamos es simplemente por un error de cálculo, pero sabemos que no. Las compras compulsivas, las modas sin sentido y lo que somos capaces de hacer cuando nos enamoramos son prueba de ello, entre muchos otros ejemplos.
La IA nos puede ayudar, nos puede acelerar, nos puede responder. Pero NO nos puede entender, aunque a veces lo parezca porque siempre nos da la razón. ¡Y cómo no vamos a tener la razón, con lo inteligentes que somos!
¿Cómo usar metáforas en clase de idiomas con tus estudiantes?
A estas alturas del artículo, ya le habrás dado un par de vueltas a todas las metáforas que usas en tu día a día. Usas metáforas para todo y, por supuesto, tu clase de idiomas no es una excepción. Independientemente del nivel que tengan tus estudiantes, siempre cabe la posibilidad de introducir metáforas.
Te dejo cuatro estrategias para que puedas introducir metáforas en tu clase de idiomas:
1. Conecta con el espacio para que la explicación permanezca en la memoria
«Darle vueltas a algo» (como has leído al principio de este apartado), «tropezar con la misma piedra», o «estar bajo presión». Antes de comentar el significado de un conjunto de palabras, piensa: ¿qué imagen espacial puedo darle a mi estudiante? Si la imagen está relacionada de algún modo con el espacio o el propio cuerpo de tu estudiante, es más probable que recuerde su significado. Recuerda el poder de la cognición corporeizada.
2. Fíjate en cada palabra, quizá hay una metáfora escondida
El idioma que enseñas está plagado de metáforas que nadie ve. ¿Sabe tu estudiante que "voy a llamarte" es una metáfora? El español habla sobre el futuro como si fuera un viaje que se recorre con el cuerpo. Sin embargo, decimos que «se acerca el examen» como si en este caso fuera el tiempo el que se mueve hacia nuestro cuerpo.
Estas simples frases muestran dos perspectivas distintas de la misma metáfora conviviendo en un idioma: el tiempo es movimiento. Lo tenemos tan interiorizado que no nos damos cuenta de que realmente el tiempo no se puede mover, porque no es un concepto concreto, sino abstracto. Cuando enseñas este tipo de metáforas escondidas a tu estudiante, le muestras un sistema de pensamiento, una manera de entender la realidad.
Además, enciendes su curiosidad, porque es fascinante descubrir los significados ocultos en conjuntos de palabras que usamos día a día. La gramática se convierte en un mapa, en algo más visual. Las normas también caben en clase, por supuesto. Pero si creas primero una imagen en la mente de tu estudiante… ¡Las normas se quedarán a vivir ahí!
3. Adapta tus metáforas al contexto de tus estudiantes
Una metáfora relacionada con los coches y la velocidad funciona genial con tu estudiante Frank apasionado por la Fórmula 1, pero le dice poco a Patry, tu estudiante programadora y amante del anime. Quizá a ella le sirvan más las metáforas relacionadas con la computación (¡que no son pocas!).
La clave para que una simple comparación o una metáfora funcione es que conozcas a tu alumnado. ¿En qué piensa normalmente? ¿Es un aprendiz más visual o más auditivo? ¿Qué le llama la atención? ¿Qué le interesa?
En general, cuanto más conozcas a tus estudiantes, más efectivas van a ser tus clases. Cuanto más te adaptes a lo que necesitan, más atención te van a prestar. Esto es una norma de oro. (Que sí, que eso del oro también es una metáfora).
4. Compara metáforas con la lengua nativa de tus estudiantes
Como ya hemos comentado, esto de las metáforas sucede en todas las lenguas. Pregúntales a tus estudiantes cómo dirían lo que tú estás diciendo. Pregúntales si en su lengua arriba significa feliz («venirse arriba»,«levantar el ánimo») y abajo significa triste («venirse abajo», «estar de bajón»). Conviértelos en poetas en un instante con las preguntas: ¿Dónde vive la alegría? ¿Y la tristeza?
Cuanto más piensen sobre su propia lengua, más espacio tendrán para pensar en la que tu les enseñas. Cuanto más comparen la lengua nueva con su lengua nativa, más curiosidad tendrán. Las similitudes son infinitas, y las diferencias dan mucho juego para comentar en clase.
Recapitulando
Las metáforas construyen nuestra realidad y nos ayudan a tratar conceptos abstractos como si fueran conceptos concretos. Puedes (y debes) llevar a tu aula de idiomas las metáforas, con las siguientes cuatro estrategias:
- Conecta con el espacio para que la explicación permanezca en la memoria
- Fíjate en cada palabra, quizá hay una metáfora escondida
- Adapta tus metáforas al contexto de tus estudiantes
- Compara metáforas con la lengua nativa de tus estudiantes
Por cierto, eso de que el tiempo vuela se dice desde hace más de 2000 años. No pensemos que la vida moderna es culpable del vértigo que sentimos al ver los días pasar. En la antigua roma, Virgilio ya nos avisó con su poema:
«Sed fugit interea, fugit irreperabile tempus»
(‘pero huye mientras tanto, huye irreparablemente el tiempo’).
Nos esforzamos mucho por pensar que somos seres modernos, pero la realidad es que los problemas de los seres humanos no han cambiado tanto desde el principio de nuestros días. Lo único que cambia es el contexto y las herramientas de las que disponemos, pero los problemas son prácticamente idénticos. En la Antigua Roma ya se peleaban con la gestión del tiempo.
Si eres profe de idiomas, probablemente te falta tiempo. Y probablemente el tiempo dentro de clase se te pasa volando, pero el tiempo rellenando un Excel para saber cuántas horas has hecho con cada estudiante… Se te hace eterno. ¡Qué casualidad!
Referencias
- Lakoff, G., & Johnson, M. (1980). Metaphors we live by. University of Chicago Press.
- Lakoff, G., & Johnson, M. (1999). Philosophy in the flesh: The embodied mind and its challenge to Western thought. Basic Books.
- OSU School of Writing, Literature and Film (2019). What is a metaphor?: A literary guide for English students and teachers [Video]. YouTube. https://doi.org/https://www.youtube.com/watch?v=5mPSFQ1eFUU
- Instituto Cervantes (2019). Tempus fugit. Blog del Centro Virtual Cervantes. https://blogscvc.cervantes.es/martes-neologico/tempus-fugit/
- Varela, F., Thompson, E., & Rosch, E. (1991). The embodied mind. MIT Press. https://doi.org/10.7551/mitpress/6730.001.0001
- Centro Virtual Cervantes (s.f.). Biblioteca fraseológica y paremiológica.. Instituto Cervantes. https://cvc.cervantes.es/lengua/biblioteca_fraseologica/n7_fernandez/capitulo1_02.htm
Profe, la mala noticia es que el tiempo vuela. La buena noticia es que puedes aprender a pilotarlo. Si quieres simplificar la organización de tu calendario, de tus notas y del seguimiento de tus estudiantes, no necesitas hacer malabares con diez apps. SmartCookie se encarga de las tareas administrativas para que tú puedas dedicarte a tu pasión: enseñar.

